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16 de julio
LOS ALIMENTOS Y LAS REACCIONES
ALÉRGICAS
Muchos
alergólogos enfocan las alergias en forma muy estrecha. Consideran sólo un tipo
de respuestas -la atópica- que manifiesta sus efectos en la piel y en las
membranas de la mucosa: eczema, fiebre del heno, asma, y desórdenes
relacionados con ellos. Se evita mucho el diagnóstico y tratamiento de las
alergias nutricionales porque los métodos utilizables sólo pueden tener una
certeza del 20%.
Los
ecologistas clínicos, por otro lado, no sólo pretenden descubrir todas las
sustancias alergénicas, mediante pruebas precisas, sino que se interesan en las
reacciones que aparecen en todas partes del cuerpo. La ecología clínica estudia
las reacciones del individuo ante su medio ambiente. Los desequilibrios (reacciones
alérgicas) son causados por alimentos, inhalantes, o sustancias químicas que el
cuerpo no puede tolerar.
Una
alergia es una respuesta adversa a sustancias que no causan respuestas adversas
en la mayoría de la gente. El Dr. Alan Levin clasifica las alergias en dos
niveles:
Tipo 1:
es la alergia clásica, conocida por todos: una inflamación provocada en el
tracto respiratorio, nariz, piel, ojos, oídos y el tracto gastrointestinal. Los
factores activantes pueden ser: el polvo, pelo animal, árboles, pasto, pólenes,
plumas, y algunos alimentos como la leche, el trigo, el huevo, fresas,
mariscos, maíz y levadura.
Tipo 2:
es una irregularidad en el sistema inmunológico y, a diferencia del tipo 1,
incluye un rango más amplio de síntomas que pueden presentarse en cualquier
parte del cuerpo, pero, sobre todo, en el sistema nervioso y en el cerebro,
provocando alteraciones en el estado de ánimo, percepción, conducta,
pensamiento y emociones. Muchos alimentos, inhalantes y productos químicos
pueden activar estas respuestas del Tipo 2.
No
siempre hay una clara demarcación entre los dos tipos, pero, normalmente,
predomina un tipo de alergia. La causa de cada una se encuentra en los glóbulos
blancos. Las células T le indican a las células B qué es lo que tienen que
hacer. Las células B elaboran anticuerpos contra las sustancias dañinas al
organismo. Empiezan y suspenden su producción bajo las órdenes de las células
T.
Las
personas con tendencia a la alergia Tipo 1 tienen células B hiperactivas y células
T "confundidas", incapaces de discriminar cuáles sustancias no son
dañinas (polen) y cuáles sí son dañinas (bacterias); de esta manera las células
B elaboran una incontrolada sobreabundancia de anticuerpos; en tal situación
aparecen las reacciones alérgicas.
En la
alergia del Tipo 2, las células B producen otro tipo de anticuerpos llamados
inmunoglobulina, sobre todo por influencia de deficiencias nutricionales,
sustancias químicas, tensión, radiaciones e infecciones.
Las alergias del Tipo 1 se deben a factores genéticos, hereditarios; su
tratamiento consiste en la inmunoterapia (inyecciones) y medicación. Las
alergias del Tipo 2 se originan en factores externos, que debilitan el sistema
inmunológico; el tratamiento generalmente se orienta hacia los síntomas,
dejando las causas intactas.
El
sistema inmunológico puede fallar por condiciones genéticas o adquiridas. Las
causas adquiridas son:
1.
Envenenamiento químico: exposición a pesticidas.
2.
Traumas físicos o emocionales: muerte de un ser querido.
3.
Exposición a radiaciones: rayos X.
4. Severa
enfermedad viral, bacterial, o de fungi: mononucleosis.
5. Severa
deficiencia nutricional: dieta inadecuada.
6.
Disfunciones metabólicas: desequilibrio hormonal.
7.
Desórdenes digestivos: deficiencia de enzimas pancreáticas.
Se puede
dañar permanentemente el sistema inmunológico por la acumulación de factores de
stress, una combinación de muchos factores, o una exposición masiva a un solo
factor de tensión. El primer elemento afectado es la supresión de las células
T, con lo que todo el sistema inmunológico queda afectado.
Muchos
nutrientes ayudan a mantener sano el sistema inmunológico: la vitamina A, la
piridoxina, las vitaminas C y E; el ácido fólico, el ácido pantoténico, el
zinc, el selenio, y el magnesio, los ácidos grasos esenciales, y los
aminoácidos, son los principales.
La
vitamina C es especialmente efectiva para activar los linfocitos T.
Actualmente
se enfatiza mucho la función de los ácidos grasos esenciales para fortalecer el
sistema inmunológico; tales ácidos se encuentran, sobre todo, en el pescado, en
los granos integrales, en las semillas, en los aceites naturales; se recomienda
evitar las grasas hidrogenadas (margarinas y alimentos procesados) y las grasas
saturadas (carne, crema, mantequilla).
La
disfunción inmunológica tiene muchas causas, pero hay una muy frecuente: el
hongo candida albicans que habita en la membrana mucosa del tracto intestinal;
ocasionalmente puede introducirse en los tejidos y liberar crónicamente sus
productos en el torrente sanguíneo. El Dr. Orian Truss, quien investigó este
elemento afirma que puede "paralizar" o bloquear las respuestas
inmunológicas. Algunas alergias se deben totalmente a la infección de este
hongo y se atiende médicamente. La causa más prominente de la infección de la
candida albicans es la administración de antibióticos -especialmente los
antibióticos de espectro amplio. La evidencia de presencia de este hongo se
advierte por las recurrentes enfermedades epidémicas (sobre todo, infecciones
de oído), así como: fatiga, irritabilidad, cambios de humor, poca coordinación,
falta de concentración, síntomas autistas, dolores de cabeza, urticaria, hongos
debajo de las uñas, desórdenes gastrointestinales, gases, diarrea o
estreñimiento, escaso apetito, crecimiento retardado, dolores musculares, pie
de atleta, infecciones crónicas.
Junto con
el tratamiento médico es recomendable evitar: el azúcar refinada, harinas refinadas,
todos los quesos, los champiñones, el alcohol, los cacahuetes, pescado y carne
secos o ahumados, fruta seca, carnes procesadas, levadura de cerveza, los
vinagres. Es recomendable optimizar la dieta, reduciendo el consumo de
carbohidratos y fortaleciendo la digestión con enzimas pancreáticas; nutrientes
antioxidantes; igualmente ayuda el consumo de ajos, cebolla, brócoli, calabaza.
El
sistema inmunológico trabaja íntimamente con el sistema nervioso y endocrino
para mantener la homeostasis (equilibrio) en el cuerpo. Las reacciones
alérgicas pueden agravarse por varios factores combinados, como: infecciones,
fallas en el metabolismo, deficiencias nutricionales, tensión ambiental, o
desórdenes digestivos. Anormalidades en el nivel de azúcar en la sangre y
problemas digestivos (páncreas) acompañan frecuentemente las manifestaciones
alérgicas. Es común, también, encontrar desequilibrio hormonal: baja actividad
de la tiroides y sobreactividad de las suprarrenales. El cerebro y el sistema
nervioso son muy sensibles a los materiales alergénicos
Una
respuesta alérgica, debida a factores nutricionales, inhalantes, o químicos,
puede provocar reacciones adversas en cualquier sistema corporal. Si el órgano
sensible es el cerebro, el niño puede experimentar hiperactividad cuando toma
leche; coraje sin causa, cuando toma cacahuates; o mareo cuando huele perfume.
Las manifestaciones alérgicas, sin embargo, pueden incluir a uno o a muchos
sistemas corporales, como los siguientes:
1.
Sistema nervioso y cerebro: hostilidad, hiperactividad, cambios de
humor/personalidad. olvidos, confusión, falta de concentración, mareos,
insomnio, mareos recurrentes, somnolencia, dolores de cabeza, poca
coordinación, depresión, nerviosismo, irritabilidad, ansiedad, tartamudeo o
lentitud en el habla, agitación, problemas de aprendizaje, pánico/miedo/llanto
sin causa aparente, alucinaciones, indecisión, letargo, convulsiones,
temblores, apatía, escaso rango de atención, marcada timidez o pena.
2. Tracto
gastrointestinal: indigestión, nauseas, vómitos, calambres, mal aliento,
diarrea, dolores abdominales, boca seca, estreñimiento, sensación desesperada
de hambre, pérdida de apetito, flatulencia.
3.
Sistema musculoesquelético: dolor de espalda, dolores/calambres musculares,
espasmos, artritis, debilidad muscular, tics musculares, dolores en las
coyunturas, posturas deficientes.
4. Tracto
genitourinario: urgencia urinaria, enuresis, comezones.
5. Piel:
ronchas, eczema, comezones, acné, manchas blancas en las uñas, sudores (incluso
sudores nocturnos), mezquinos,
6. Ojos, oídos, nariz, garganta: comezón en los ojos; visión borrosa, dolorosa,
con manchas, con círculos oscuros, acuosa, doble, distorsionada; dolores,
infecciones recurrentes, sordera intermitente, mareos, falta de balance en los
oídos; nariz tapada, con frecuente sangrados, con mucho fluido; toz, sequedad
de garganta; dificultad para tragar.
7.
Sistema cardiovascular: palpitaciones rápidas, dolor de pecho,
8. Sistema
respiratorio: asma, bronquitis, infecciones respiratorias, respiración
entrecortada, dureza en el pecho, fiebre de heno, sinusitis, rinitis.
Muchas
reacciones alérgicas pueden esconderse debajo de una adicción. Muchos alimentos
predominantes en nuestra dieta son alergénicos ocultos; por ejemplo, los
mayores son: el azúcar, el trigo, y la leche de vaca. Otros alergénicos comunes
son: la manzana, los frijoles, la carne, el pollo, el chocolate, los cítricos,
el maíz, el huevo, el pescado, la cebolla, el cacahuate, la carne de puerco, la
papa, las fresas, el tomate, la nuez, y la levadura.
Cuando un
niño busca obsesivamente un determinado alimento, es conveniente sospechar de
él como un posible alergénico, por la adicción que no puede manejar el cuerpo.
El cuerpo humano constantemente intenta establecer equilibrio y adaptarse al
medio ambiente; cuando es expuesto a una substancia que ejerce especial
tensión, como los alimentos que no pueda manejar por insuficiente producción de
enzimas pancreáticas, el cuerpo intenta la homeostasis metabólica adaptándose,
y después, desarrollando una dependencia de tal sustancia. Cuando se ha
establecido una adicción alérgica, los efectos negativos se advierten cuando no
se consume el alimento alergénico.
Reconocemos
la alergia ante una substancia específica por la inflamación de tejidos; cuando
esto sucede en el cerebro, no es observable, pero distorsiona severamente la
química cerebral, ocasionando anormalidad en la conducta, estados de ánimo,
pensamiento, emociones, y percepción.
Marshall
Mandell fue el primer médico en sugerir y demostrar que muchos desórdenes en la
conducta y en el aprendizaje estaban ligados con la alergia.